Installation
2003-2006
Photographies, huile, pyrogravure, sérigraphie, transfert, dentelle et
broderie sur 21 draps.
 
Selon les rapports annuels de l'UNICEF, il existe dans le monde plus de
400 millions d'enfants qui, d'une façon ou d'une autre, ont vécu des
situations attentant à leur dignité.
Ces expériences traumatiques détermineront leur existence sociale et
leur développement individuel et, dans une certaine mesure, l'avenir
collectif de leurs propres pays.
“Les enfants du vent” est un dispositif plastique par lequel je cherche
à rendre visibles quelques unes de ces situations, produits de la
"monstruosité" créée par l'Homme des temps modernes.
Ces expériences de vies m'ont été confiées par des enfants, et par des
adultes qui un jour furent aussi des enfants, au travers d'entrevues
sonores, de dessins, de photographies, de peintures et d'objets issus
d'un travail en ateliers d'expression artistique et ayant comme finalité
le traitement thérapeutique de la problématique sociale.
Ces documents ont été reinterprètés, traités et recréés selon certains
paradigmes visuels, techniques et linguistiques propres au continent
d'origine de ces personnes : Amérique Latine, Afrique, Europe Orientale,
Asie.
Chacune de ces nappes et linges établit une métaphore évoquant une
histoire, un récit, un fait, une identité souvent imprécise. La synthèse
visuelle ainsi construite se rapporte à la réalité contingente des
sociétés modernes et témoigne d'une production plastique sans relation
aucune avec la métaphysique et la recherche de la vérité individuelle
comme source de production
 
 
 
 
 LES ENFANTS DU VENT
 
 
                                                                                                                                                 PRESENTATION
 
Miguel Parra Urrutia, pintor egresado del departamento de Artes plásticas de esta universidad presenta esta instalación que a juzgar por el parece haber estado mostrando sus imágenes y contenidos en otros ámbitos, recogiendo reconocimientos y apoyos…
Según los últimos informes anuales de la UNICEF, existen en el mundo mas de cuatrocientos millones de niños que de una forma u otra han vivido situaciones que atentan  contra su dignidad. Estas  experiencias dramáticas  determinaran su existencia social y su desarrollo individual y en cierta  forma el devenir colectivo de sus propios países.
Esta es creo, la preocupación fundamental que genera esta obra que resume toda la angustia, la indignación y el dolor del artista ante el problema evocado…
 Ahora, frente a la obra y en un afán de participación y compresión, no desglosando, simplemente mostrando procurando acercarme para entender el conjunto de la propuesta y su sentido. Me impresiona de entrada lo logrado por Miguel que consigue con tan pocos medios un efecto tan amplio y tan hondo.
Los soportes son blancos manteles y sabanas  colgadas  prendidas  por un perro de madera, están tendidas  secándose al calor  de un sol  que  no existe  y que ya surge como una metáfora de lo ausente, de lo negado: calor y luz que no llegará hasta los niños que aparecen en los soportes.
 En realidad me parece  que en este trabajo todo está sometido  a la dimensión de la metáfora: las sabanas aparte de su contenido evidente  mediante un breve paso  se convierte en sudario alterando su sentido y su propósito. El mantel es el paño que cubre la mesa, mueble a cuyo alrededor se sienta la familia para gozar la dulzura del pan y del amor compartido.
 Pero lo niños del viento; niños villanos, en su aéreo desarraigo ¿conocerán las bondades y la dulzura que pueden entregar estos simples trapos revestidos de pronto de un contenido casi mágico? Como  si fueran la cobertura de un mundo de ensueños presentidos.
 Sobre los soportes  blancos imágenes de niños enmarcados  con lazos, bordadas  o tejidas  y otras  como ilustraciones para acunar niños, pero en general la aparente simplicidad de lo descrito tiene un trasfondo, un contenido más complejo y recóndito.
 Gran parte de los elementos que rodean las imágenes y las imágenes mismas han sido tejidas, pero el tejer dicen, representa la creación  y la vida  y más aun  en sus aspectos  de conservación y multiplicidad o crecimiento.
El arte de tejer  ocupa un lugar importante en los cuentos y mitologías: recordemos a Penélope que tejía y deshacía lo tejido para así salvar su hacienda y su honor, lo que entregaba su telar, era un débil pasaje a la diaria esperanza de la pronta llegada del esposo y acá, en la obra  de Miguel Parra  Urrutia las manos tejiendo, bordando, cociendo han hecho crecer un escudo, una custodia  de lana y color  alrededor de los rostros que simbolizan a todos los niños dañados, heridos y ofendidos.
Como una mandorla barroca crece cual si fuera una flor y al centro donde nacen las semillas los rostros ya sonrientes, ya graves surgen también animados de esperanza. Se desparraman los soportes colgados y movibles, algunos con textos breves que pretenden ilustrar la ilustración.
Algunos dicen:
 Reina del mundo: la ambición real seria que fuera reina solo de un hogar y en el fuera querida, querida y que no integraba este conjunto inmenso y terrible de los 400 millones de niños dañados.
 “ le exiliada del  sur del mundo” la niña resume el éxodo de los dolidos en la difusa geografía del mundo donde no hay caminos ni certezas, ni respuestas, ni amor, un exilio sin posibilidad de arraigo ¿ como dolerán estas incertidumbres?
¿ Donde estoy? Un  paño inquietante inocencia: una proliferación de lazos  blancos enmarcan un trozo de cielo celeste que… como un ojo mira hacia la ausencia  o mejor  hacia una ausente ¿ cuantas habrán?
 Agradecemos a Miguel Parra Urrutia este trabajo. Ejercicio  de su noble oficio  de piedad activa su envolvente y calida ternura  y comprensión que compromete a quien contempla  su trabajo para integrar su “ cruzada” de reflexión y acercamiento al candente problema de los niños desvalidos.
Todos los soportes son blancos que es un color  de amplias resonancias simbólica: dicen que en el Apocalipsis el blanco es el color del vestido de los que han salido de la gran tribulación, han lavado su ropa y la han blanqueado con la sangre del cordero.
 
                                                                                               Albino Echevarria Cancino