Miguel Parra Urrutia
Miguel Parra Urrutia 

 

 

 

La elaboración de un discurso visual que re- envié a una interpretación de la realidad, se ha visto alterada estos últimos veinte años, por los nuevos medios de registro y los diversos programas asociados a la tecnología numérica. El arte video, es sin duda un vasto campo de experimentaciones visuales, desde las cuales el espacio intimo se ha visto reducido a la transformación, el trafico y la invención de la realidad, que muchas veces poco tiene que ver con el documento inicial. En mi proceso de depuración y de expansión del registro de lo que yo considero asociado a la belleza de lo intimo, he variado mi propia forma de hacer, mi propia forma de registrar.

Mis desplazamientos en el campo del tratamiento de las imágenes, obedecen por lo general, a la observación de la realidad desde el silencio, y la voluntad de querer dejarme sorprender, por lo que existe fuera, afuera de toda dramaturgia efectista. El espacio, las personas, los elementos, la composición, existen fuera de toda idea preconcebida, o que en su expresión primaria son un referente, en la construcción de mundos paralelos, de universos , en los cuales el documento inicial pierde toda fuerza y termina siendo un producto “estetizante” pero desprovisto de la veracidad, que conlleva toda realidad a secas.

El arte video, lo asumo como una forma de mostrar lo que yo considero como bello, aunque la belleza, sea un concepto hoy en día vilipendiado, por la voluntad a veces gratuita, del arte contemporáneo, de querer mostrar desde el resultado tecnológico, una imagen lisa, plana, o por el contrario, una resultante, ideológica, que no es mas que la falta de honestidad de quienes consideran que el mundo no puede ser mostrado mas que en su expresión de lo horrible y las múltiples manifestaciones aberrantes de lo real.

Yo asumo mi realidad de pintor, obedeciendo a la sensibilizacion del soporte digital. Sin pretensión, me dejo sorprender, por lo que existe; dejando que la cámara no sea mas que una extensión de mi propio ojo. Quizás en el hecho de elegir, de cuadrar, de componer, de jerarquizar , yo mismo este construyendo otra imagen, pero en ese proceso, solo quiero, poder llegar a una cierta certeza de la extensión de lo sensorial. El claro oscuro ha sido desde siempre una obsesión dentro de mi producción visual. La melancolía revisitada permite así, una introspección de la actividad humana, que yo busco mostrar como un método que busca dar relieve a los objetos, los contextos físicos, los paisajes y las personas. Representando la acción y la interacción de la luz y la sombra sobre una figura, es posible abarcar campos metafísicos, que mas allá de la ilusión espiritual, son una verdad. Una verdad objetiva.

Este hombre, absorto por su trabajo, concentrado en su manualidad, prueba fehaciente de dexteridad, me ha evocado la humildad, de quien ve el mundo desde la comprensión de su propia realidad, aunque la actividad cotidiana, El mundo publico sea vista desde una vitrina. Cabe entonces preguntarse quien es realmente el observador. “La mise en abime”. Es concluyente de la realidad de este hombre que es en si mismo un homenaje a lo contemporáneo. A lo real contemporáneo.

 

Mise en abime: caída al abismo

 

Miguel parra Urrutia

Paris, abril 2012.



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© Miguel Parra Urrutia